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Los padres y madres siempre hacemos lo mejor que sabemos y podemos. Unos días lo hacemos mejor que otros, pero siempre con la mejor intención y sin parar de aprender, porque educar no tiene fin, ni aprender tampoco. Como siempre, nuestro ejemplo es muy importante.

Eduquemos a los niños en la felicidad y no en la perfección
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Eduquemos a los niños en la felicidad y no en la perfección

Desde que nuestros hijos llegan al mundo, nuestra principal preocupación es su bienestar en todos los aspectos. Buscando ese bienestar, a veces queremos que sean tan perfectos, que saquen siempre notas excelentes, que tengan todo lo mejor, la apariencia ideal, los juguetes de moda…, etc., que olvidamos algo fundamental: que disfruten su infancia y sean felices HOY.

No tengas miedo de la perfección, nunca la alcanzarás. Salvador Dalí

Si nuestro nivel de exigencia es excesivamente alto, lo más probable es que lleguen a la edad adulta pensando que no son suficientemente buenos y que no han cumplido las expectativas de sus padres y sus madres. ¿Y por qué insistimos tanto en evitar esto? Porque la infancia no se puede recuperar, no podemos viajar atrás en el tiempo. Esta etapa es fundamental para reafirmar su relación con su familia, para sentir que recibe apoyo, aunque se equivoque. Es necesario que sepa que el amor en casa, no se da o se quita en función de los resultados de las notas en los exámenes, sino que se aprecia más el esfuerzo y la valentía de volver a intentarlo. Así que tenemos que encontrar un equilibrio entre la educación con miras al éxito en el futuro y el disfrutar de una etapa única para toda la familia.
¿Cómo mantenemos el equilibrio entre la exigencia desmesurada y el disfrute de la infancia?

Los padres y madres siempre hacemos lo mejor que sabemos y podemos. Unos días lo hacemos mejor que otros, pero siempre con la mejor intención y sin parar de aprender, porque educar no tiene fin, ni aprender tampoco. Como siempre, nuestro ejemplo es muy importante.

Si en casa, los niños ven que nos atormentamos con los errores y no nos reponemos de ellos, ellos aprenderán lo mismo. Es importante hablar sobre los errores y cómo se pueden subsanar o cómo se puede hacer mejor la próxima vez y lo que hemos aprendido de los mismos.

Si nuestro hijo llega a casa con un notable y en lugar de felicitarlo, le decimos que esperamos un sobresaliente para la próxima, lejos de sentir valorado su esfuerzo, se sentirá humillado y hundido. Una palabra de apoyo, una muestra de orgullo, a todos nos hace sentir bien y tener ganas de esforzarnos para la próxima vez.

Educar la mente sin educar el corazón no es educar en absoluto. Aristóteles

Sabemos que vivimos en un mundo muy competitivo y que necesitamos que nuestros hijos estén bien preparados para el futuro para que tengan más oportunidades de conseguir lo que desean, pero de poco sirve si alguien está muy preparado a nivel profesional, y, sin embargo, se siente infeliz cada día cuando va a su trabajo.

Es importante para todos, padres, madres y educadores en general, que nos esforcemos no sólo en fomentar la parte cognitiva sino educar también a nivel emocional, para que en el futuro esos adultos puedan lidiar con sus emociones ante las dificultades de la vida, sepan reflexionar, tomar decisiones, emitir juicios, expresar las emociones de forma adecuada, ser empáticos, trabajar en equipo, ser creativos y actuar de forma responsable y de esa forma, ofrecer lo mejor de ellos mismos y aportar en positivo a este mundo.

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